Ven, quiéreme, escribe mis palabras

Me dijeron un día que cuando el alma se libera en un cielo de mil emociones, las nubes se forman de esperanza, alegría y amor.
Me contaron esa vez en que los ojos de Dios brillaron en el mar, que uno no solo es capaz de pedir perdón sino que puede aprender a respetar.
Me inspiraron a sonreir para el sol, me escucharon y me llenaron de amor.
Me escribieron una noche en el corazón, y cuando lo leí, decía algo así:

      "Si tu sonries, nada puede salir mal. 
No busques la felicidad en el sol, 
que el sol busque el brillo en tu corazón"

A cada ángel que conocí aquella tarde fui preguntando quien era el autor. Me contestaban a veces, a veces solo escuchaba el brillo de su resplandor. Seguí soñando en el cielo, seguí persiguiendo al creador, seguí leyendo esa frase que gritaba y gritaba en mi interior. 

Encontré una vez un ángel distinto, un ángel sin rostro, se veía especial. No me dejó preguntar, no me dejó respirar, se acercó a mi oído y algo susurró, no pude escucharlo ni descifrarlo, pero vino de un ángel, mi corazón lo sintió.

"Que te guste el arte que plasmas en palabras, que te guste que la inspiración venga de otras almas"


Fue en ese momento en que entendí que pasó, fue en ese instante en que descubrí que no era el autor, nadie era el escritor de aquella frase, nadie era él. Eran ustedes, eran todos esos ángeles a los que pregunté, cada uno distinto pero especial, cada uno y ninguno con un rostro similar. 

Cada amigo de verdad, cada persona que sepa respetar, cada corazón que sepa amar, cada amistad que sea valorada como para perdurar. 

No pretendas querer algo si no es así, no pretendas valorarlo si no te va a doler negarlo, no engañes porque hay decepción que sembrar si lo haces. Y recuerda que 

"Cuando la hipocresía le gana al hambre, el corazón se come el respeto que quedó"

Cuando algo que se pensó cierto resulta no serlo, el respeto que un corazón le tuvo a otro desaparece, asi como esa verdad se desvanece.


Sonríele al sol entonces, pero hazlo de corazón.
Escribe palabras que no sean tuyas, sino del amor que te inspiró.
Y respeta el corazón del que te sabe respetar, pero que sea de verdad.






                                                                            Mauricio de la Rosa García, Copyright ©





 

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