Una vida, una noche

Al escribir es difícil recordar como fue mi primera noche. Más que difícil, es algo imposible. Pero imaginar no cuesta tanto.
El primer abrazo de mi madre, el cual probablemente duró las dos o tres primeras horas de mi vida, el primer beso que recibí, en la frente, en la mejilla, en la palma de mi mano, en la suavidad y pureza de unos diminutos pies. El primer abrazo de mi padre, el primer contacto con el hombre que cuidará de mí por el resto de mi vida, aún cuando no pueda verlo, él estará siempre ahí. El primer saludo de mis labios al mundo con un llanto, el primer silencio al escuchar una voz, esa voz del amor incondicional. El primer intento de abrir los ojos y apreciar, apreciar la belleza de una vida, descansar mi primera noche. Me encuentro en una nube diferente, en un cielo al que llamo realidad, en un mundo que me arrulla. Me encuentro con mi primera razón para despertar.

Mauricio de la Rosa García, Copyright ©

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