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Mostrando entradas de julio, 2010

Siempre

Una noche en tus sueños, un segundo de tu día, un instante en tu sonrisa y el calor de un abrazo al susurrar. Nunca se irán aquellas sensaciones que jamás quiero olvidar. Y yo seguiré escribiendo en mis días, aún si hay penas o alegrías, si son muecas o sonrisas en mis sueños al dormir. Y estarás, estaré, siempre en un momento de dolor, siempre en un intento de volar, siempre en una frase con amor. Siempre en un instante, en esa imagen tan pequeña, en un recuerdo, que aún recuerdo, me hace feliz. Sonríe al viento, sonríe al cielo, sonríe a esa nube en su esplendor, la suavidad de una caricia y la ternura en tu sonrisa. Saber que pasa el tiempo y que con el tiempo va a pasar. Saber que quieres a lo que siempre te quiso querer. Saber que sé que tú lo sabes y que siempre lo vamos a saber. Cierra tus ojos, que ya quiero despertar. Mauricio de la Rosa García, Copyright ©

Una vez más

Una alegría en la caída y el orgullo al comenzar, uno frío y uno al viento y tantos otros a explorar . Algún día en un sofá o en una silla de metal, otro cercano en una cama o en la arena frente al mar, elegir el agua o una sed casi mortal, que minuto a minuto hará de cada sentido un extremo a decidir. Decidir si estás contento, sonriente o al llorar, proponer que titubeas si encuentras algo sin buscar, saber que existe el tiempo, aún si no lo sientes al pasar. Un camino y otro paso que me acercan al final, el tropiezo en el momento en que me empiezo a levantar, uno más y ahora otro, y una sonrisa al terminar. Un abrazo aún caliente, el calor de aquel invierno, ese que me enseñó a amar. Quiero abrir los ojos una vez más, quiero ver el camino y aprender a caminar. Mauricio de la Rosa García, Copyright ©

Una vida, una noche

Al escribir es difícil recordar como fue mi primera noche. Más que difícil, es algo imposible. Pero imaginar no cuesta tanto. El primer abrazo de mi madre, el cual probablemente duró las dos o tres primeras horas de mi vida, el primer beso que recibí, en la frente, en la mejilla, en la palma de mi mano, en la suavidad y pureza de unos diminutos pies. El primer abrazo de mi padre, el primer contacto con el hombre que cuidará de mí por el resto de mi vida, aún cuando no pueda verlo, él estará siempre ahí. El primer saludo de mis labios al mundo con un llanto, el primer silencio al escuchar una voz, esa voz del amor incondicional. El primer intento de abrir los ojos y apreciar, apreciar la belleza de una vida, descansar mi primera noche. Me encuentro en una nube diferente, en un cielo al que llamo realidad, en un mundo que me arrulla. Me encuentro con mi primera razón para despertar. Mauricio de la Rosa García, Copyright ©